Miércoles, 8 de marzo de 2006
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Cartas al director
Servicios públicos en el medio rural
En los últimos años venimos sufriendo dentro
de un sistema aparentemente impuesto desde la Comunidad Europea, una
transformación de muchos servicios que hasta ahora eran considerados
de interés público y, como tales, un derecho al que debía
tener acceso toda la población, y ahora son vistos como una mercancía
con la que negociar en un mercado de libre competencia. De esta forma,
muchos monopolios de titularidad pública se han ido privatizando,
e incluso aquellos que mantienen la titularidad pública se reestructuran
buscando hacerlos rentables.
Probablemente, aparte de la población, esta situación
les beneficia ya que la competencia hace que las empresas se esfuercen
en ofrecer mejor servicio a un precio atractivo. Pero el gran pagano
vuelven a ser los pueblos en los que si no hay más estímulo
que la rentabilidad económica, nunca se instalará ninguna
empresa de servicios privada (sólo nos llega la propaganda de
lo bien que estaríamos si en nuestro pueblo hubiera ADSL, cobertura
móvil o estación del AVE) pero vamos viendo cómo
la "optimización" y "reestructuración"
de los servicios públicos se traduce, inexorablemente, en centralizarlos
en las grandes poblaciones.
La pérdida de cualquiera de estos centros (léase escuelas,
plazas de médicos, cuarteles de Guardia Civil o mataderos municipales,
por poner algunos ejemplos) en uno o más pueblos suele ir acompañada
de una contestación popular más o menos sonada, secundada
por la prensa e, incluso, raras veces, atendida. Pero me llama poderosamente
la atención, que una de las empresas más repartidas por
todo el territorio esté suprimiendo puestos de trabajo (y sustituyendo
los pocos que quedan por contratos precarios) y dando un servicio cada
vez peor, al menos en los pueblos, sin que haya visto ninguna reacción
de los ayuntamientos ni haya podido leer en prensa ninguna columna,
carta al director o alguna señal de protesta. Me estoy refiriendo
a Correos, quien hace apenas cinco o diez años tenía oficinas
abiertas en todos los pueblos de nuestra provincia (y de las demás)
y que viene cerrándolas a velocidades de vértigo.
Es cierto que buena parte de la gente considera que mientras les sigan
llegando las cartas y se recoja lo del buzón están servidos.
Quien así piense cambiará de opinión el día
que necesite enviar un paquete, un giro postal, una carta certificada….
Un cartero que viene del pueblo vecino, que debe recorrer diariamente
más de 300 km. para repartir en tres o cuatro pueblos más,
al que le han marcado muy ajustadamente los tiempos, es alguien difícil
de encontrar cuando lo necesitas y, aún así, sólo
podrá atender este servicio como un favor personal. Si en un
raro caso, el ayuntamiento de ese pueblo o el propio cartero elevan
una protesta, la respuesta será, si la hay, cargarle el mochuelo
al cartero vecino, que tiene con contrato todavía más
precario: vestir un santo desnudando otro. Conclusión: si quieres
enviar un paquete de Madrid a Barcelona, una docena de empresas competirán
por hacerlo más rápido y barato, pero si el envío
es de Abejuela a Gúdar, te aconsejo llevarlo personalmente, porque
la única empresa que aún da este servicio está
en liquidación. Son las reglas del mercado libre.
Francisco Javier Marín Marco - Olba (Teruel)