Miércoles, 8 de marzo de 2006 7

Metrópolis

"El pino muerto"

TONI LOSANTOS

Los aires furiosos de estos días han descuajado el pino de San Bernabé, en la raya entre Nogueruelas y Linares. Admito que era un pino con los derechos de cualquier otro pino, y que llorar su pérdida es un acto irrelevante, pues la vida no es sino un incesante acopio de pérdidas, pero déjame que te cuente.

El pino de San Bernabé, también llamado de Las Torres, contaba sus años por siglos, y había soportado, por eso mismo, nevadas y huracanes. Los botánicos aseguraban que tenía por delante un lento ocaso, de sesenta, setenta años a lo sumo. Lo atacaban ya la palidez gris de la agonía, el ramaje yerto, la sombra menguante. Hacían falta tres adultos para abarcar su tronco, y ni los más viejos del lugar lo recordaban distinto a como era en estas últimas décadas: el testigo singular de un cruce de caminos, hacia el Royal y el Mosquito, hacia la alta sierra por la Pista del Reino, hacia el verde clamoroso del barranco de Las Torres. A los pies del pino habían acampado los sudorosos arrieros, y habían cerrado algún negocio los tratantes, y los pastores habían descansado. Desde siempre recuerdo, junto al pino, los troncos mondos y apilados de los otros pinos, más jóvenes y esbeltos, sacrificados en las batidas.

Un día, no hace tantos años, mejoraron la carretera que pasaba a su vera. De esa intervención guardo un memoria dolida: del poco cuidado con el que se explanaron los desmontes, del trabajo insensible de las máquinas, que delata la insensibilidad de quienes llevan la obra. Al pino le descarnaron algunas raíces, y eso aceleró la agonía. De nada le sirvió su presencia en los catálogos de árboles monumentales. Todavía no he ido a verlo, abatido sobre la tierra roja. Sé que desde hoy hablaré de él en pasado, y que muchos de mis recuerdos del pino también irán muriendo. Pero ahora, de pronto, mientras me dejo arrastrar por esta necrológica, son tantos que dudo que nunca llegue a acostumbrarme a su enorme vacío.