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Se desconoce la fecha de su fundación, pero sabemos que la
localidad fue rescatada a los moros por Alfonso II de Aragón en 1181, y el
nombre de Linares se cita ya en el fuero de Daroca de 1142. Durante algún
tiempo se confía a la Orden del Temple la defensa del castillo de la villa,
así que son los Templarios quienes rigen los destinos del lugar hasta que, en
1202, Pedro II el Católico hace donación de esta fortaleza, y también de la de
Puertomingalvo, a favor del Cabildo de la Seo de Zaragoza. se trataba de
incrementar la población, menguada sobremanera a principios del siglo XIII en
ambos lugares, los cuales se convierten ahora en patrimonio de la Mesa
episcopal cesaraugustana. En 1532, don Fabrique de Portugal (Arzobispo de
Zaragoza y, por ende, señor de Linares) intenta atajar el decaimiento de la
antigua fortaleza de este pueblo, que, como tantos otros, había perdido su
importancia militar, pero no podrá hacer frente a los costes de restauración
calculados.
En 1611, un geógrafo portugués, Juan Bautista Labaña, visita
la villa y la describe como una populosa localidad de más de 300 vecinos. Merced
a su posición estratégica y a su desvío de las principales vías de comunicación,
la población no se implicará directamente en ningún acontecimiento
político-militar hasta la primera guerra civil del siglo pasado, si bien deben
evocarse los nombres de algunos hijos ilustres de Linares, como don Baltasar
Gargallo, a quien Felipe V concedió un privilegio de hidalguía en 1738 por su
acción en la Guerra de la Sucesión, o don Pedro José Fonte, consejero de la reina
María Cristina y Arzobispo de México, quien, durante la Guerra de la Independencia,
ayudo económicamente a Palafox e inició una suscripción en favor de los heroicos
defensores de Zaragoza.
Los carlistas fortifican la villa y permanecen dentro de sus
muros hasta el mes de abril de 1840. Mientras tanto han abierto una carretera
que atraviesa todo el término de Linares, pero que no podrá conservarse, dadas
las condiciones orográficas y meteorológicas del territorio. Y, finalmente, es
con ocasión de la Guerra Civil cuando la población sufre lo indecible, aunque
logra salvar su gran tesoro artístico. Entre las personalidades sobresalientes
más cercanas a nosotros, se distinguen el Padre Ramón Dolz, Provincial de los
Escolapios; don José María Gómez, diputado a cortes; don Agustín Mora, padre
dominico que murió en olor de santidad; don Antonio Badal Solsona, sacerdote
sencillo y virtuoso, y don Leopoldo Bayo López, el más egregio de los hijos
de Linares en la época reciente.
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